Algunos hablan de feudalismo y otros citan incluso a la genética de Mendel para explicar por qué las mismas caras, los mismos apellidos, las mismas estirpes, aparecen ineluctablemente en los círculos del poder catalán. La caída de Félix Millet ha puesto de relieve a “los 400″, un círculo de familias burguesas surgidas del meritócrata empresariado catalán del siglo XIX, y que se protegen entre sí para conservar su especie.

Félix Millet, imputado por el caso Palau, cursó la escuela Secundaria en el exclusivo colegio Virtelia, junto al ex presidente catalán Jordi Pujol, el ex alcalde barcelonés Pasqual Maragall y el ex diputado Miquel Roca

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“El oasis se da en Catalunya como en cualquier otro lado, pero el caso catalán no trata sólo el típico ‘¿me coloca usted a mi chaval?’, sino que son relaciones más profundas, familias que se protegen entre sí, que se forman juntas en las mismas escuelas, que casan a sus descendientes.”, dice Pere Cullell

La clave de esta trama de influencia familiar”, explica Cullell, “es que en que Catalunya no existe una estructura aristócrata como Madrid, sino que han sido las familias quienes alcanzaron la élite gracias a su trabajo”.

Los Carulla, los Cendrós, los Uriach, los Bertrand, los Millet, los Viladomiu, los Juncadella, los Rodés, los Molins… todas ellas familias burguesas cuyos antepasados hicieron fortuna en el desarrollo industrial, o incluso haciendo las Américas, como los Güell

En el Oasis hay familias que entran y otras que salen. Catalanes de nueva generación, hijos de inmigrantes como el presidente Montilla, el ministro Corbacho o el dirigente de ERC Joan Ridao…

Si antes los Maragall, Millet, Pujol compartían su formación en las Escuelas Virtelia e iniciaban sus largos lazos de amistad, ahora los descendientes de los ‘charnegos’ y de la nueva elite catalana serán los que empiecen a entablar relaciones en escuelas prestigiosas como Aula, Garbí o incluso el Colegio Alemán, donde acuden los hijos del president Montilla

“El modelo suele repetirse: el abuelo hace la fortuna, el padre la mantiene. y el nieto se la pule. A veces sale un nieto trabajador, pero no es lo normal”.


“(.) Siempre lo digo. Hay unas 400 personas que nos encontramos en todas partes. Hay un núcleo familiar, una misma empresa, coincidimos en muchas cosas siendo o no siendo parientes. A todos estos los conozco de estos lugares.”
     Félix Millet, en ‘L’Oasi Catalá’

El ex presidente del Palau y Orfeó Catalá, Félix Millet, ya insinuaba el curso normal de la sociedad civil catalana en la entrevista que ofreció a Pere Cullell y Andreu Farras para la elaboración del libro ‘L’oasi català’ (Planeta, 2001). “Estoy incorporando al Palau a gente joven de todas estas familias, involucrando en los órganos de gobierno a los Rodés, Uriachs, Viladomius, Juncadellas, que ya tienen toda una generación detrás.”, decía Millet citando a la creme catalana, esas élites que manejan las instituciones del país y que siempre aparecen en los cuatro lugares clave del poder en Catalunya: el Liceo, el consejo asesor de La Caixa, el Palau… y el palco del Camp Nou. De las cuatro fue directivo Félix Millet.

“Es más fácil acceder a un ministro en el descanso de un partido en el Camp Nou. que con una cita en el Ministerio”, cuenta Pere Cullell a Terra Noticias. Lo que ha sucedido en las últimas semanas en el Orfeó, los registros en la sede del Palau y la confesión por parte de Millet de un desvío de 3,3 millones de euros a su patrimonio -dinero con el que pagó obras y reformas en viviendas de su familia- ha devuelto la mirada a esa maquinaria de influencias que tan bien se explica en ’L'Oasi catalá’. “Aunque este oasis se da en Catalunya como en cualquier otro lado, en el caso catalán no trata sólo el típico ‘¿me coloca usted a mi chaval?’, sino que son relaciones más profundas, familias que se protegen entre sí, que se forman juntas en las mismas escuelas, que casan a sus descendientes.”, puntualiza el escritor catalán.

Félix Millet pertenecía a una de estas familias de aroma tan mendeliano. Su tío-abuelo, el compositor Lluís Milet, había fundado el Orfeo Catalá. Estudió primaria en los jesuitas de Sarriá, donde coincidió con los hijos de sagas textiles como los Juncadella o los Bertrand. Cursó la escuela Secundaria en el exclusivo colegio Virtelia, junto a los ex presidentes catalanes Jordi Pujol y Pasqual Maragall y el ex diputado convergente Miquel Roca. Tras licenciarse en peritaje agrónomo y trabajar para las plantaciones africanas de su padre, regresó a Cataluña para ser nombrado en 1978 presidente del Orfeó.

La cárcel no le viene de nuevas a Millet. Pasó algunos días de 1983 a la sombra por otro caso de apropiación indebida, éste en Renta Catalana, del que fue condenado a dos meses de arresto y 30.000 pesetas de multa. Pero sus ex compañeros de escuela Maragall y Pujol salieron a su rescate. Le encomendaron la presidencia del consorcio que lavaría la cara al Orfeó. “Millet cambió la imagen de esa institución de principio a fin”, reconoce Cullell sobre el ya ex presidente del Orféo, que se encuentra ahora en libertad con cargos por el caso Palau, según decidió el juez Juli Solaz, ante la indignación de la Fiscalía de Barcelona y de las tres acusaciones particulares (Asociación Orfeo Catala, Fundación y Consorcio).

“Lo de Millet ha sido fuerte por inesperado porque una de las señas del Palau era su credibilidad“, afirma Cullell. No sólo la credibilidad. Su desfalco ha sido toda una cuestión de honor para una ciudadanía que consideraba a esta institución como parte de sus vidas. Tanto es así, que el propio ex presidente del Palau (una institución financiada por fuentes privadas) recibía habitualmente cartas de ciudadanos anónimos protestando por alguna iniciativa, o simplemente aportando dinero para sus proyectos.

Los cabos siempre se unen
Millet usó sus contactos en la sociedad civil catalana para reconstruir el Palau en 1983, y movilizó a ese grupo de familias al que siempre se dignó pertenecer. Gente como el empresario publicitario Leopoldo Rodés, -quien ahora se declara decepcionado con la actuación del ex presidente del Palau-; o los Uriach, dueños del laboratorio farmacéutico español más antiguo con 165 años de historia; o los Viladomiu y los Juncadellas, nombres clave para el desarrollo de la industria textil en Catalunya a comienzos del siglo XX.

Y es que los cabos genéticos acaban juntándose en las estructuras de poder en Catalunya. Un ejemplo claro: Pau Molins, abogado de Felix Millet en el caso Palau, es miembro de una familia de 11 hermanos relacionada con el Opus Dei y dueña del gigante industrial Cementos Molins. A su vez, Joaquim, el hermano de Pau, fue uno de los implicados en el caso Renta Catalana y uno de los propiciadores del pacto de envestidura que puso a José María Aznar en La Moncloa en 1996. Finalmente Millet, para completar el círculo, fue nombrado patrón de Catalunya Futur, sucursal catalana de FAES, el think tank liderado por el propio Aznar. Los cabos siempre se unen.

“La clave de esta trama de influencia familiar”, explica Cullell, “es que en que Catalunya no existe una estructura aristócrata como Madrid, sino que han sido las familias quienes alcanzaron la élite gracias a su trabajo“. Muchas veces haciendo las Américas, como los Güell, cuyo patriarca, Eusebi Güell, oriundo de Torredembarra, amasó su fortuna en Cuba y se hizo mecenas de su amigo y arquitecto Antonio Gaudí. O como los Bertrand, descendientes del visionario Eusebi, que logró en 1935 ser el primer empresario individual del mundo en la especialidad algodonera. O los Cendrós, que aún recogen los reditos del masaje facial ‘Floyd’ ideado por Joan Baptista, uno de los fundadores del Omnium Cultural (junto a Millet) en 1961. O los Carulla, cuyo amanecer retrocede a tiempos de la guerra civil, cuando el emprendedor Lluis y su esposa se enriquecieron vendiendo cubitos de caldo. El negocio se ha convertido con el tiempo en Agrolimen, un holding empresarial con marcas como Gallina Blanca, Ausonia, Pans & Company y FrescCo.

Precisamente una descendiente de los Carulla, Mariona, se ha situado al frente de la Fundació Orfeo Catalá-Palau de la Música tras el escándalo en la institución barcelonesa. La nueva gerente del Orfeó ha ordenado la venta del Mercedes S600 de 150.000 euros en el que viajaba Millet, y del S450 de 95.000 euros de su socio Jordi Montull, también imputado en la trama. También ha forzado la dimisión de las hijas de ambos: Clara Millet, responsable de relaciones internacionales, y Gemma Montull, directora finaciera del Palau. Ninguna podrá seguir la estela de sus padres y han quedado marcadas en este grupo tan exclusivo, como profundamente decepcionado con Millet.

Pero en el Oasis hay familias que entran y otras que salen. Así lo explica Cullell en ‘El ascensor’ (Angle, 2009), su nuevo libro junto a Andreu Farras, redactor jefe de El Periódico de Catalunya, donde resaltan la llegada de ‘los nuevos catalanes’ a este círculo de influencias. Catalanes de nueva generación, hijos de inmigrantes como el presidente Montilla, el ministro Corbacho o el dirigente de ERC Joan Ridao. Si antes los Maragall, Millet, Pujol compartían su formación en las Escuelas Virtelia e iniciaban sus largos lazos de amistad, ahora los descendientes de los ‘charnegos’ y de la nueva elite catalana serán los que empiecen a entablar relaciones en escuelas prestigiosas como Aula, Garbí o incluso el Colegio Alemán, donde acuden los hijos del president Montilla. Que sea su hora, dependerá de ellos, según Cullell. “El modelo suele repetirse: el abuelo hace la fortuna, el padre la mantiene. y el nieto se la pule. A veces sale un nieto trabajador, pero no es lo normal”.

Fuente: http://meneame.net

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Tags: Félix Millet, Jordi Pujol